por Tintamaldita

Estela

Compañía: L’explose

Lugar: Factoría Tino Fernández

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
~ Jorge Luis Borges

Aquel día me enfrenté a la curiosidad de ver a la compañía L’explose desde sus cimientos más sólidos. Me pregunté cuáles han de ser los principios más profundos de este colectivo, que están siendo cuestionados y están viviendo una metamorfosis natural, tras la partida de este plano terrenal de su fundador y director Tino Fernández. Me senté en el teatro desde una postura neutral y abierta a la escucha, abierta a vislumbrar la sabiduría que trasciende una vida y la trayectoria que acompaña los pasos hacia adelante. Fue entonces con gran deleite que me adentré a sentir una obra que propone una mixtura entre los elementos narrativos característicos de Tino (como los objetos, la sorpresa y la transformación del espacio) y entre las voces creativas adyacentes, que brindaron un aire de cambio. 

En Estela nos situamos en un espacio de ramas y corredores, luces frías y vestidos de flores. Vemos a mujeres (o tal vez a una sola mujer) en diferentes etapas de una vida, con su inocencia y su madurez, acompañadas de personajes y narraciones corporales. El uso de los árboles es increíble, me generó mucha intriga. Cultiva el pasar del tiempo y la contraposición entre solidez y fragilidad, donde los mismos personajes juegan con esta característica. Las ramas plateadas son muy impresionantes, capturan la simpleza de la transformación del objeto como Tino siempre ha sabido hacerlo. Construye y deconstruye ideas de manera sencilla y directa. Al igual que el paisaje, las mujeres capturan en su movimiento distintas dinámicas y maneras de expresar desde lo abstracto. Cada mujer con su espacio, su ritmo y su tiempo, cautivan en soledad. 

La obra es una transición permanente de edades. Permanece en mí una pregunta, ¿por qué es necesario volver rápido y casi oculto el cambio entre una bailarina y la siguiente? ¿por qué era un cambio tras escena intencionalmente encubierto? El tratar de ocultar este cambio da la sensación de que quisieran mostrar a la misma persona creciendo, pero, también es claro que se explora la individualidad de cada actriz. Frente a este proceso de edad, también existe un acompañamiento musical que es progresivo respecto a las fases de madurez de los personajes. Percibía un sentido de obviedad en la música por sobre-describir la escena y, aunque deba admitir que este comentario proviene de mi propia exploración dancística con la música, no desvirtúa el hecho de que esta obra está descrita a través de metáforas y que la música podría ser una de las más importantes. Desde mi perspectiva, esta sobre-descripción en la música quita contundencia de lo que está sucediendo realmente. Más allá de esto, considero que L’explose nos presentó la dicha de ver a niños y adultos confluyendo en escena, que a nuestros ojos enamora la pureza y tranquilidad en la que los niños exploran y desafían así a un público que presencia una obra “madura”. 

En mi concepto Estela es un trabajo que rinde homenaje a la aceptación de la vida y la muerte, que nos invita a adentrarnos en una de las compañías más establecidas del país, desde una nueva voz creativa: Juliana Reyes. Existen detalles de esta obra que a mi parecer pueden ahondar más en su relación con el público y con el doble sentido que casi siempre nos quebranta las fibras más delicadas de nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, este proceso guarda reflexiones e investigaciones que nos alojan en la cúspide del mundo sincero de la danza contemporánea y debe considerarse un referente para todos aquellos que la investigamos. Estela devela el pasar de una vida, desafía el concepto del tiempo y de la presencia y guarda aún la elegancia de un espacio seguro y a su vez, surreal.

Por: Tintamaldita

Reseña #3

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