por Tintamaldita

Algo está pasando ya

Puesta en Escena, Cuerpo y Nuevos Medios, 2019

Algo está pasando ya

Como seres humanos que somos, actuamos y tomamos decisiones todos los días en torno a nuestras necesidades, gustos o simplemente hábitos. Todos estos escenarios están dentro de un marco espacio-temporal, el cual camina con nosotros a través de cada experiencia. Mi experiencia habitando este planeta y esta vida, me indica que soy un ser viviente que habita únicamente el presente. Con esto no me refiero a la posible influencia de mis acciones en el pasado y futuro, pero por lo que a mí respecta, la dimensión física que habita mi cuerpo es el presente. El tiempo, aquel invento necesario para obtener así sea una certeza sobre nuestra incierta y cambiante existencia. El tiempo, noción carente de estabilidad. El tiempo, aquel sensación que percibo y transformo cada vez que mis pies rozan un escenario. El tiempo: Si camino en la calle, si camino en escena, si no camino e imagino que estoy caminando, si me detengo en una forma física que representa el caminar, si observas un video de mí caminando, todas estas habitan una realidad temporal distinta, así tomen la misma cantidad de segundos en acontecer. Tic, tac. Tic, tac.

Amanecer

6:04 am

Todo comenzó con la pregunta de qué es el tiempo. Leía el único libro que me mantiene conectada a mi proceso artístico por fuera del país: A Choreographer’s Handbook, del genio Jonathan Burrows

 “We are trying to
perform in the
present, but you are
living
also the
past of
your recognition and the
future of
your
expectations,
which are our
constant
companions”

María Isabel, vuelve al presente, sal de las cobijas, te espera un morro de ropa sucia, una ducha, un desayuno y una maleta.

7:43

Me bajé del bus mareada de leer desesperadamente a Óscar Cornago Bernal en El cuerpo invisible: teatro y tecnologías de la imagen.

7:45

Noté la escultura blanca que habita en el centro del parque nacional. Veía cómo las palomas caminaban alrededor, mientras ella se quedaba quieta. Qué gracioso, pensé. ¿Será que esa mujer existió en vida real? Y si existió, ¿En esta escultura habita su pasado? ¿El paso del tiempo? o ¿su futuro?

8:30

Estoy bailando, habito una obra. Nada me puede hacer escapar del presente; sólo estoy ahí, sintiendo placer.

11:00

Al finalizar el ensayo me sentí complacida. Sin embargo, no pude evitar notar que cada vez que me distraía venía a mi mente la escultura. Las esculturas, aquellos cuerpos inertes que hablan con sólo estar ahí.

Recordé la primera vez que posé para una clase de dibujo en la Escuela de Arte de Toronto. La maestra me pidió una pose cómoda y sencilla en una silla, ya que la clase era de retratos. Si bien el miedo infectó mis venas por sentir que podría dañar el esfuerzo de los pintores, no podía entender cómo estuve en una posición estática durante lapsos de media hora hasta completar tres horas. La profesora decía que capturaran mi mirada, que “tenía una intensión”. Al finalizar me dijo que le gustaría volver a trabajar conmigo porque mis poses eran “vivas”. Todo ese tiempo yo sólo pensé en cómo podía mantener mi interés en la quietud. ¿Cómo puedo convertirme en una escultura viva, que respira? Así mi mente estuviera en el presente ejecutando una acción, expresando, ¿lo que habitaba mi cuerpo era una suspensión del tiempo? ¿O un registro de algo que ya pasó, como las fotografías?

12:30 pm

Tanta acción física activó mi reflexión. Al disociar la temporalidad como un elemento físico constante, y asociarla como elemento experiencial personal, encontré todas las preguntas necesarias para interrumpir aquello que estuviese haciendo al finalizar el ensayo y me senté a mirar al vacío y pensar. Recuerdo cuando mi profesor de Psicoanálisis decía, “si encuentras una respuesta en la vida, cuestiónala”.

Vómito mental:

¿Qué es una pose?

¿Una fotografía es una pose? ¿Un video de mí, no soy yo?

No tengo una máquina del tiempo, pero tengo el poder de acelerarlo y alentarlo.

TIC TAC TIC TAC TIC TAC

¿Puedo congelar el tiempo? ¿Convertirme en un registro vivo?

¿Cuál es mi relación con el espectador que me observa fuera de mi presente?

¿Cuál es mi relación con el espectador que me observa en mi presente?

¿En qué reside entonces la esencia de quién soy cuando habito un registro?

¿Mi arte sólo puede habitar el presente?

56:31+45-23/11+1995:00

¿Por qué la necesidad de establecer una hora? ¿El tiempo, no es acaso, relativo?

Algo sucede cuando aplaudimos a un mismo ritmo todos al tiempo, y es delicioso.

María Isabel, vuelve. Sé un ser viviente y habita el presente.

Tengo hambre.

3:42

No hay nada más placentero que levantarse de una siesta sin saber qué hora es, o en qué lugar estás, más después de alentar tus horas digiriendo. Nunca entendí cómo los niños del coro se quedaban dormidos en el piso del teatro Colsubsidio. Recuerdo el día que pisé por primera vez ese escenario. Lo único que recuerdo es que las canciones sucedieron dos o tres veces más rápido y sin saberlo, el maquillaje que me habían colocado en los ojos estaba siendo borrado después de un supuesto espectáculo de una hora, el cual para mí transcurrió en segundos. Un maestro que conocí hace algunos años decía, “la felicidad dura muy poco”.

Me acordé de Suely Rolnik analizando la vida y obra de Lygia Clark en su texto Una Terapéutica para tiempos desprovistos de poesía. Decía que “…la artista sintonizó la naturaleza esencialmente viva y temporal de la obra, lo que la llevó a una búsqueda obstinada de desobjetificar el proceso de creación para garantizarle su carácter de acto: interferencia en la realidad subjetiva y objetiva, su reinvención. Éste es el proceso que condujo su obra a desplazarse de su estatuto inicial de objeto en dirección a su realización como acontecimiento.” (2). Puedo sentir que no es sólo por la adrenalina, es el estado máximo de consciencia el que permite carecer de noción de tiempo y vivir entre una temporalidad transformable, con distintos matices. Cuando habito un escenario todo a mi alrededor se vuelve un mundo eterno, con un sinfín de posibilidades; el tiempo, un juguete más.

Atardecer

06:04

La oscuridad llega, y con ella la claridad. Todo comenzó con la pregunta de qué es el tiempo.

9:16

Veo el video de mí bailando en la obra Waiting on Kennedy el año pasado en el teatro Winchester, en Toronto. No me reconozco. Veo una mujer fuerte, sensual, madura, segura. Una mujer que en éste momento no habita mi cuerpo. ¿En qué momento me convertí en adulta? Soy yo. Es mi pasado y es un registro que ilustra lo que puedo soñar con ser en el futuro. Mi cuerpo es distinto que hace algunos años, mi mirada y mis facciones han crecido. Mis movimientos hacen una referencia inconsciente a todo lo que aprendía ese año: la limpieza de las líneas, el gesto, el piso, la acrobacia, la precisión, el capoeira, etc. Me veo en una pantalla mientras mi cuerpo está reposando cómodamente en una silla. Era calva, ahora tengo pelo.

9:27

Mientras escribo sobre esto, me doy cuenta que las personas que me rodean aquí, en Bogotá, nunca presenciaron ese cuerpo que habité ese día en escena. Ya pasó. Sin embargo comparto éste video, que permite ver una versión que al devolverla mostrará lo mismo una y otra vez; un registro. Viendo esto recuerdo el texto que leía desesperadamente esta mañana recostada contra la puerta del bus:

“Este eje (presencia-ausencia) no solo delimita un rasgo esencial de la relación de la escena con la imagen mediatizada, sino que al mismo tiempo apunta la diferencia que hace que el teatro siga siendo teatro: la relación actor-espectador es un espacio y un tiempo compartidos por ambos.” (Cornago Bernal, 2004, 599). 

11:59

Me estoy quedando dormida, ya el peso de mis párpados es mayor al de mi imaginación. La escultura que en este momento está en el parque acarrea toda su historia, su pasado. Mi pose estiró y congeló el presente. Hizo del presente un instante registrable en el tiempo de los lápices que la reinterpretaron, en vivo. La pose quedó impresa en los cuadros viejos, y en mi futuro cuerpo. Si hoy me llamaran a hacer otra función en el teatro Colsubsidio, ya no sucedería así de rápido, ya no sería mi primera vez. Waiting on Kennedy ya no está sucediendo, aunque ahora mismo podría oprimir una tecla y recordar lo que fue. Poder ver mi movimiento y mi rostro como si fuera otra persona; otro cuerpo externo al que está tendido en la cama.

Nuevo día

12:03 am

No puedo dormir. Me siento culpable de adentrarme sólo en mi experiencia. Empiezo a ver un video de una clase del ingeniero y físico Javier Santaolalla. “No hay ninguna propiedad o ley física que dé cuenta de esa sensación subjetiva del tiempo como un fluir, como algo que progresa y que avanza […], que parece que sentimos. La relatividad muestra la historia del cosmos, del tiempo, como un bloque congelado […], todos los instantes de tiempo son exactamente iguales. Ninguno tiene una propiedad especial para ser considerado el ahora. Todo ha ocurrido y está ocurriendo a la vez, sin ningún momento especial que pueda ser marcado como presente. Eso parece ser una ilusión. Su único cobijo parece estar en la mente humana. El tiempo es un producto de la consciencia.”

(En línea, 2018).

Todo comenzó, comienza, termina, con la pregunta de qué es el tiempo.

Referencias:

Cornago Bernal, Óscar (2004) El cuerpo invisible: teatro y tecnologías de la imagen. Arbor CLXXVII, 595-610

Burrows, Jonathan (2010). A Choreographer’s Handbook. Routledge, USA y Canada

Rolnik, Suely (2007) Una terapéutica para tiempos desprovistos de poesía. En: Cuerpo y mirada: huellas del siglo XX, MNCARS, Madrid

Santaolalla, Javier (2018, en línea). ¿Qué es el tiempo? (Consulta: Julio 1, 2019). URL: https://www.youtube.com/results?search_query=el+tiempo+date+un+vlog

María Isabel Salgado Rodríguez
Departamento de Artes Escénicas
Puesta en Escena, Cuerpo y Nuevos Medios
5 de Julio de 2019