por Tintamaldita

Estoy Viva: Una Perspectiva del Proceso López

Técnica, Laboratorio y Ensamble López, 2015

El inicio de un proceso es un acontecimiento humano por el que estoy sumamente agradecida de haber reconocido. En éste, se crea una oportunidad de conocer y construir diversas perspectivas de sí mismo y el entorno, lo cual considero fundamental en la filosofía de vida de un artista escénico. Este escrito es el compartir mi experiencia personal como observadora, ejecutante y productora de análisis y reflexión, frente a la oportunidad de explorar, experimentar y apropiar la propuesta técnica e interpretativa del maestro Rogelio López. Al plasmar este análisis se expone mi proceso personal en reacción a las propuestas del maestro, buscando así evidenciar la relación entre mi proceso y el de los demás compañeros, entre la constante pregunta del “yo” y el entorno, entre mi cosmos interno y el cosmos externo. Invito a los lectores a dejarse impregnar por el miedo a saber, compartir, comparar e identificarse, el miedo a reconocer nuestra sociedad colombiana y el miedo a reconocerse en mi propia experiencia, porque en sí, soy una persona deseando compartir con otra. Al dejarse impregnar por ese miedo, se abre la puerta al miedo de ir más allá en cada uno de estos aspectos.

La Técnica López abarca formación artística a través de la validación de conocimiento de distintas culturas, a partir de un reconocimiento del propio contexto y del legado de culturas ancestrales de América Latina. Más allá de un trabajo meramente físico, existe la oportunidad de construirse como artista a partir del diálogo constante entre el Texto Fijo y el Texto Expresivo. Me permitiré usar un ejemplo muy minimalista de lo que abarcan estas dos dinámicas, Texto Fijo: un paso, Texto Expresivo: la experiencia presente en la que ese paso deja de significar en sí lo que es y se transforma en una vía expresiva de la persona que está generando y sintiendo una interpretación real. Texto fijo: ficción. Texto Expresivo: la realidad expresada dentro de esa ficción. De esta forma, el Texto Fijo puede ser variaciones de un legado de códigos y expresiones artísticas culturales, así mismo como puede ser un acuerdo común del grupo el cual lo está trabajando, siendo así un movimiento que surge de un código de comunicación propia de ese entorno. El Texto Expresivo, se comprende como una noción individual que al ser proyectado involucra a las otras personas que están dentro de esa vivencia, ya sea un compañero o un observador. 

Mi perspectiva como intérprete se basa en un aprendizaje somático realizado a lo largo del semestre del Texto Fijo y el Texto Expresivo. Puedo observar que esta relación plantea, en el artista, un constante cuestionamiento inconsciente frente a la ficción y la realidad de su expresividad. El contacto de ambas nociones plantea una excusa, o una vía, para la expresividad de una persona en un momento determinado. El momento determinado, puede variar frente al contexto de la actividad; clase de técnica, laboratorio o ensamble. Frente a esta dinámica, puedo plantear el concepto de realidad como uno de mis mayores interrogantes, ya sea una construcción social, individual o una constante. El maestro afirmó hace poco tiempo en una de sus sesiones de reflexión grupal: “…al artista no le basta con su escenario cotidiano, él debe acudir a la ficción para expresar su propia realidad” (López, 2015). Es así como puedo cuestionar si realmente una técnica de danza es aquel escenario cotidiano el cual no nos basta como artistas, ya que la expresividad honesta surge de un presente, en el cual la reacción frente a una situación va a ser real consigo mismo, y así, real para un espectador.

Como he mencionado anteriormente, este proceso se basó en la técnica, el laboratorio y el ensamble como los espacios de experiencia para la apropiación y aprendizaje del artista. Estos espacios me permitieron experimentar frente a la realidad y la construcción subjetiva colectiva, a partir de aspectos personales como: lo racional, lo moral y ético, lo físico, lo técnico, lo individual, lo abstracto y lo creativo a nivel de montaje. En primer lugar, la clase de técnica abarca dinámicas de preparación del cuerpo para la acción, la preparación de la mente y lo sensorial para la interpretación, y a través de esto, la preparación del ser para la expresividad. A modo personal, considero que los ejercicios permiten posibilidades de movimiento según la estructura y la sensación de cada cuerpo, siendo así una construcción de memoria histórica de un cuerpo. De esta manera el cuerpo responde según un presente, que propone el juego colectivo a través de emociones, sensaciones, metáforas, imaginarios, ilusiones y mucho más.

El colectivo: los orígenes de Ojo de la Aguja

Más allá de lo personal, encuentro la necesidad de abarcar el proceso colectivo de la construcción escénica de Ojo de la Aguja. Una obra que desde mi percepción ha potenciado aquello que cada uno como individuo puede aportar, desde su experiencia. Debo aclarar que por esta experiencia personal, no se inhibe la existencia de un aporte colectivo de nuestra sociedad en el contexto específico que nos constituyó en lo que somos, que en sí, es el trasfondo de la obra. El pie para esta construcción es la lucha constante, que surge de comprender las diferentes percepciones del cosmos y la diversidad de realidades, en la construcción de una misma ficción. Todos nos vemos invitados a exponer lo más íntimo de nuestra expresividad, siempre y cuando todos seamos un receptor protector y sensitivo de aquella persona. Al ser una invitación involucra la decisión de abarcar o no abarcar el proceso, lo cual nos afecta en cualquier sentido al colectivo completo. A modo de análisis, me remonto a una breve frase que respeta aquella colectividad, la cual surgió a partir del diálogo con una compañera: “Eres único, pero no eres lo único”. La construcción de la obra en sí se transforma en una situación de frustración e incertidumbre cuando recordamos que no es responsabilidad de un director, es responsabilidad de todos los que hacen parte.

A modo de análisis reflexivo, puedo sugerir que Ojo de la Aguja es un camino exploratorio de construcción, diálogo, escucha, re-significación, colectividad y contextualización. En primer lugar, la obra en sí se transforma en un escenario extra cotidiano que incita a construir desde las emociones y vivencias humanas, aquellas que nos recuerdan la duda y el miedo. La versatilidad emocional nos plantea un espacio de creatividad y construcción, que por lo tanto incita al artista a llegar a estados emocionales o sensoriales muy diversos, tales como el secreto de la felicidad o el no querer estar, ni poder escapar del caos y la pesadilla. En segundo lugar, estos estados no serían posibles de no ser por el constante diálogo, el cual se desarrolla entre los intérpretes una vez que cada intérprete se dé el espacio de dialogar consigo mismo. Al ser justamente un diálogo, no se compone de la creación constante de estados, sino del reconocimiento de los ya existentes y los que se pueden potenciar y crear a partir de lo que ya es, de manera que se establece un intercambio de información dentro de sí mismo y entre los demás, a partir de la toma de decisiones en el instante y la escucha de las mismas. En tercer lugar entonces, está la escucha. Desde mi observación puedo concluir que el artista debe tener una escucha permanente partiendo del diálogo entre su cosmos interno y externo, proponiendo un equilibrio para poder escuchar constantemente ambos. Para mí la escucha es una acción y un estado no sólo desde el sistema auditivo como tal, ya que existe la escucha espacial, energética, mental, emocional, empática, musical, y toda aquella que constituye el movimiento desde sí mismo y en colectivo.

El cuarto supuesto se remonta a la re-significación. Es un principio que considero propio de la colectividad y las propuestas a partir de la escucha interna. La cotidianeidad es aprovechada en función de la creación misma, en donde a partir de lo gestual se le puede generar un nuevo significado colectivo (que pasaría a ser un código) o individual en la interpretación. Desde mi punto de vista la simplicidad es vital en este proceso, ya que la sociedad moderna exige una velocidad constante en el movimiento y en los resultados, obviando la importancia de los gestos. Así, lo gestual es sólo una herramienta de comunicación, mucho menos que un intercambio simbólico entre un ser humano y otro. Al reflexionar y explorar ese fenómeno gestual, los artistas re-significan esta cotidianeidad para generar un símbolo más allá que el gesto en sí, en donde el caminar con los dedos puede representar el recorrido de la vida, por ejemplo.

Para comprender el quinto supuesto, debo partir de la re-significación del ser humano como tal dentro del método, específicamente en el ámbito académico. La falta de reconocimiento del otro como ser humano entra a jugar desde lo que se nos ha impuesto socialmente a través de los roles, en donde, el método de Rogelio López propone reconocerse como seres humanos que intercambian conocimientos y experiencias, más allá de los roles sociales como estudiante, profesor o cualquier estructura jerárquica a partir del rol. Por esto, se genera el concepto de colectivo como centro de formación y creación, en donde todos adquirimos el rol de personas, las cuales trabajan para resignificarse en sí mismos y así expresar aquello que descubren y que pueden transformar. De esta forma el sexto postulado, la colectividad, es un entorno que se presta para generar un contexto específico entre las personas que viven aquellas experiencias juntas, en donde el “estar ahí” es de vital importancia para todos, no sólo para el “profesor”. Dentro de este supuesto, encuentro de forma muy agradable las conexiones y el tipo de comunicación que se brinda a través del lenguaje, asumiendo también todo lo que no es verbal. Existe como se mencionó anteriormente la construcción de códigos y maneras de comunicación, en donde la empatía es la principal causa del entendimiento. Así, nos podemos identificar dentro de nuestras sensaciones en los demás y podemos compartir aquello que es distinto en cada uno. Al formar una conciencia del otro y del “yo” en relación al entorno, surge el inconsciente colectivo, de lo cual voy a hablar más adelante.

No sólo bastó con una conciencia individual y una colectiva para la construcción de esta obra, ya que el punto de coherencia y concreción del intercambio de conocimiento, es el contexto. La escuela de Rogelio López no tendría sentido de no ser por el contexto, y así mismo, Ojo de la Aguja no se basaría en las temáticas que maneja de no ser por el contexto colombiano. La obra en sí nos llevó a los intérpretes a cuestionar frente a aspectos de nuestro contexto que solemos evadir u obviar. Por ejemplo, qué significa o simboliza en nosotros el conflicto, la falta de identidad, el miedo, el reconocimiento o el constructo de la paz. A modo reflexivo he logrado comprender que mi contexto específico me incita a callar, a dejar de lado aquello que no me pertenece como problema, ya que, no existe una apropiación ni un sentido de respeto y cariño por mi propio país. Esto no significa que no quiera o admire mi país, pero existe una falta de identidad colombiana que parte de un conflicto y un constante rompimiento de nuestras creencias y esperanzas en los demás. Esto desde mi punto de vista, surge desde los tiempos de la colonia hasta el conflicto que nos ha perturbado hace más de 50 años, en donde hemos aprendido a la fuerza que no debemos confiar en aquello que creemos nuestro. Podría enfatizar mucho más en el contexto colombiano y en cómo incide en nuestro comportamiento, pero lo realmente importante es que sin reconocer éste como nuestro propio contexto, la obra no hubiera tenido sentido. 

Mi experiencia: El valor de la observación

Todo lo analizado anteriormente parte de mi experiencia personal en la que tuve la oportunidad de participar como ejecutante y como observador (gracias a una condición física). Me hizo comprender aspectos importantes de la observación, tanto interna como externa. La visión es una vía física de recepción la cual se diferencia, en mi experiencia, al acto de observar algo o alguien y así mismo al acto de observarse. Hacer parte de una actividad y una actitud dentro del proceso de aprendizaje con el maestro provoca una exploración física y mental, por lo tanto, sensorial, emocional e interna. Al momento de observar, mi percepción del proceso cambió radicalmente, en el sentido en que veía el movimiento mismo de esa subjetividad en cada persona, en donde, a largo plazo se construye una lógica de resultados en el proceso. Con esto quiero decir que la observación me permitió entender el porqué de cada transformación y el valor de los detalles, que al ser efímeros y sensoriales, no se construye necesariamente un hilo conductor a largo plazo. Muchas veces oí decir a varios compañeros, “No sé de dónde salió todo lo que acabo de hacer”. Ya no me impresionaban los resultados en términos del proceso de cada compañero y de la obra en general, ya que a diferencia de muchos podía deducir un posible origen y momento transformativo en cada compañero que produciría ese tipo de resultados. Quisiera compartir que este mismo análisis fue el que después me permitió tener una visión más amplia del proceso y así aumentar la confianza hacia el maestro, no en cuanto a la persona, sino en cuanto a su quehacer creativo que lo llama a vivir en la constante transformación.

Dentro de este tema sólo me queda resaltar las conclusiones que formulé a partir de la observación de mis compañeros de modo individual. Debo decir que fue de mis experiencias más hermosas dentro del campo de la danza, ya que se basó en el observar la expresividad de un cosmos interno distinto al mío y al del colectivo. Observé un total de 8 compañeros, los cuales elegí por la mera curiosidad y el disfrutar de poder intercambiar conocimientos y posibles aportes de mi parte. Cada uno de ellos me enseñó que existían 23 clases distintas en un mismo espacio, en donde el detalle más mínimo del movimiento determinaba aquellas cosas propias de cada ser humano. Así mismo, me permitió comprender aspectos del proceso propios de los hombres y propios de las mujeres, tanto a nivel físico como psicológico. Uno de los aspectos más determinantes al momento de la ejecución física, fue la perspectiva que cada ejecutante tiene de la sensación de la curva López. Muchos buscan resolverla a partir de las vértebras, mientras que otros a partir de la activación muscular frontal, así mismo como algunos se remontan a las escápulas o la contracción del pecho. Esto demuestra el estudio particular a partir de la experiencia y la sensación, que dentro de tanta diversidad, me enseñó que cada ser humano puede sacar provecho de que le digan algo que realmente ya sabe. López abre la posibilidad de investigar y resolver en el movimiento, lo cual es increíble de observar y cuestionar; mi observación sugiere una solución consigo mismo, a través de la opinión de alguien más.

Reflexiones finales: dificultades, honestidad y una perspectiva desde la Psicología

Este texto ha abarcado todo un proceso de reflexión continua que no hace más que nutrir mi perspectiva frente a la técnica y frente a lo que significa un proceso en cada persona. Por esto, este espacio no es para el acto de reflexión sino puntos específicos que considero que debo resaltar. El primero que voy a abarcar es los momentos difíciles. Todos los participantes tuvimos un momento crítico del proceso que va por encima de las discusiones con los demás y consigo mismo (del cotidiano). Estos momentos a mi parecer, reflejan los miedos y las dificultades más escondidas en lo personal de cada ser. Debo rescatar un último momento de la primera fase de nuestro proceso, en el que el maestro seleccionó grupos específicos de personas para hacer un ejercicio que energéticamente evocaba muchas sensaciones en todos nosotros. En este momento, el análisis que provocó el maestro se basó en aquellas dificultades y miedos que florecieron a través de la conciencia de cuerpo-mente-espíritu. En mi caso particular, mi dificultad más grande fue el caerse y aprender a levantarse, a partir del cuestionamiento de “quién soy”, “qué soy”, “por qué estoy aquí”. Por más de que esa haya sido mi dificultad puedo deducir que la mayoría, por no decir todos, pasaron por ese cuestionamiento específico. La dificultad del proceso se basa en la conciencia de aquella dificultad, ya que los cuestionamientos de por sí hacen parte de nuestro diario vivir. Debo concluir que a mi parecer esta es la parte más rica del proceso, en donde todos nos vemos en la obligación con nosotros mismos de seguir adelante para poder darnos la oportunidad de descubrir o re-significar aspectos de nosotros mismos como artistas y personas.

En relación a las dificultades del proceso existe una reflexión que a mi parecer es de las más importantes, que es la construcción de la honestidad escénica. Dentro de mi proceso personal puedo resaltar momentos difíciles en los que el maestro decía, “ese espectáculo no me sirve, yo necesito que sean ustedes”, en donde se plantea un espacio que invita a cuestionarse por sí mismo y construirse a partir de la duda. Los resultados de estos cuestionamientos los he analizado a través de la observación del proceso, la cual me indica que los momentos más vulnerables en escena son los que más construyen una sensación real en el espectador. A partir de esto, se cumple el análisis desarrollado anteriormente de la realidad dentro de la ficción, en donde el artista debe tener confianza de sí mismo para poder exponer su realidad y no acudir a la ficción como una máscara, lo cual se convierte en un entretenimiento. Como ejecutante, he tenido instantes en los que dudo de mí misma por el hecho de sentir que expreso más allá de lo que “debería”, en donde la técnica López da el espacio de abarcar un texto fijo desde sí mismo para poder proporcionar honestidad en el movimiento y la emoción. Así mismo, la conciencia del instante es vital dentro de lo honesto, ya que el pensar en lo que viene o lo que ya sucedió no permite que exista la presencia necesaria para transformar ese movimiento en una expresión honesta. De esta manera, lo honesto se transforma en una experiencia que es completamente incierta, ya que sólo se puede saber en ese instante.

Todos estos puntos me hacen generar una relación directa con mi otra carrera, la Psicología, ya que es vital reflexionar frente a lo que sucede con la psique durante la experiencia. Debo postular dos perspectivas, la primera, un proceso neuronal activo a partir de la ejecución o la observación de un movimiento, y la segunda, un proceso de creación y apropiación que parte de los razonamientos conscientes e inconscientes frente a la personalidad, lo social/colectivo y lo afectivo. Desde la primera perspectiva, es interesante observar cómo la danza es una respuesta fisiológica de placer, es decir, la inhibición del sistema de búsqueda que nos permite sobrevivir. Cuando existe una decisión por expresar y sentir en el movimiento, se genera esta inhibición de sólo sobrevivir por ir por algo más allá: vivir. La dopamina, neurotransmisor del sistema nervioso que se involucra fuertemente en la expresión de las emociones y el placer, incide en las funciones motoras del cuerpo, la “codificación interna” de habilidades motoras. Pretendo utilizar la dopamina como un ejemplo de los múltiples estímulos que suceden en el cerebro al momento de experimentar algo tan dinámico, lo cual es propuesto por la escuela constantemente. Con esto quiero relacionar el “estar presente” que exige la escuela, en donde se busca un estado de liberación constante para el cuerpo y la mente, siendo así una oscilación entre el procesamiento activo de las habilidades motoras y la sensación de placer provocada desde el instante y no desde la predisposición o el razonamiento prematuro de una sensación. Por esto mismo, cobra importancia la presencia de lo incierto.

Más allá de los procesos neuronales, los cuales son generalizados en la estructura humana del cerebro, quisiera profundizar en aquellos aspectos que nos construyen como seres únicos en sociedad, desde lo colectivo, lo afectivo y la personalidad. La filosofía López adquiere sentido a través de un proceso de aprendizaje cuando se direcciona hacia la persona en sí, como he mencionado anteriormente. Es importante recalcarlo ya que todo aquello que constituye la personalidad y el carácter afectivo en cada individuo se ve reflejado en una manera de procesar colectivamente, a través de la estructuración de convenciones y códigos que surgen del propio contexto. Este ligero análisis me remonta a diversos postulados de la psicología que comprenden la razón de ser colectiva desde nuestra naturaleza como seres sociales, donde me llama profundamente la atención relacionar el concepto del inconsciente colectivo y la resignificación (Carl Jung, Victor Frankl).

Desde el principio del proceso el maestro relacionó el concepto del inconsciente colectivo como un gran campo de profundización en el proceso reflexivo. Desde la Psicología Analítica de Carl Jung, la cual habla del aspecto intrapsíquico del ser humano frente al desarrollo y la personalidad, se postula un entendimiento de la psique a partir de tres nociones: el yo (consciencia de sí en el presente), el inconsciente personal (lo que se atrae a la realidad a través de recuerdos y represiones) y el inconsciente colectivo. Este último surge del estudio del alma a nivel social, lo cual redimió al autor a afirmar la inexistencia de un alma individual. Es importante resaltar que esto es un modelo teórico que parte de un contexto y perspectiva específica, la cual aporta a esta investigación mas no exige una verdad. Jung afirma la existencia de una totalidad inconsciente del ser, en donde entra a jugar la sombra, que es todo aquello reprimido por el ser humano (por ejemplo lo siniestro), y a su vez una bisexualidad natural del ser humano que emana la naturaleza de los opuestos y la complementariedad, lo cual llama Animus/Anima. Tanto la sombra como el Animus/Anima son componentes de nuestro inconsciente colectivo, los cuales son libres de cualquier connotación moral. Estos dos conceptos del inconsciente colectivo están mediados por los Arquetipos, que son formas sin contenido que canalizan material psicológico, como por ejemplo, el arquetipo de la maternidad. 

Cuando se abarca aspectos que van más allá de la razón, surge la construcción colectiva de la psique, en donde se evidencia la existencia de un sustrato común. Una herencia psíquica que parte de nuestra experiencia como especie en todo nuestro marco temporal espacial, algo que me gusta denominar como nuestro universo simbólico de memoria histórica. Cuando un autor afirma que no existe un alma individual, nos postula una sincronicidad que no se responde por la casualidad, en donde los Arquetipos no surgieron a partir de nuestro presente, sino de un bagaje inconsciente que nos construye y modela, el cual varía a partir de la identidad, y por ende, la construcción de la personalidad. La importancia del postulado de Jung en esta investigación, se remonta a la forma en que generamos consciencia colectiva a partir de conocernos dentro de un proceso artístico como lo fue el que vivimos en el último semestre. En nuestro proceso pudimos generar una aproximación a nuestro inconsciente colectivo, que dentro del movimiento hay cierta información propia de nuestra naturaleza y nuestra memoria histórica, todo aquello que pudimos expresar a través de lo simbólico, de nuestro universo de símbolos.

Volverse consciente de un proceso y de un estado, permite entrar en el mundo de la resignificación a partir de sí mismo, como lo afirma el psicólogo Victor Frankl. Gran parte de su teoría se relaciona con un pasado muy enriquecedor frente a su filosofía, que fue el haber vivido en campos de concentración durante el Holocausto. Este psicólogo afirma que la personalidad no es una entidad estática, en donde existe un carácter autorrealizable que se compromete con el sentido de la vida. Es de vital importancia entender que el proceso que realizamos en este tiempo sugirió una construcción de personalidad como artista y persona, en donde el vivir en el instante y entender que estamos vivos fue aquel motor de autorrealización, aquello que nos volvió más fuertes en nosotros mismos desde los momentos más vulnerables. Esta vulnerabilidad es el pie para recordarnos nuestra condición de humanos, y así, para resignificar nuestro propio sentido de vida. Frankl afirma la existencia de la voluntad de sentido, en donde adquiere fuerza aquello que él denomina noös (espíritu, fuerza interior). Para este autor y donde comparto mi opinión, dentro del espíritu yace lo psíquico, es decir, nuestra condición humana nace en la vulnerabilidad y la reafirmación de la existencia de nuestro espíritu, el cual es el motor de nuestra psique y de la autorrealización de sí mismo como ser social e individual, a partir de la construcción de la personalidad y del inconsciente colectivo. Ambos autores me permiten compartir un bagaje amplio del análisis de nociones tan complejas que constituyen la subjetividad humana, en donde puedo generar motores de reflexión frente a un proceso que sin saberlo fue hasta lo más recóndito de nuestros procesos psicológicos.

Conclusión

A modo de cierre quisiera recalcar el valor de cada uno de los aspectos que he abarcado desde nuestro proceso, ya que cada uno merece un campo de investigación mucho más amplio. Así como este texto lo realicé con la finalidad de compartir mi experiencia y análisis con el lector, invito a adentrarse en estos procesos que para este grupo en específico existió la posibilidad de compartir en un colectivo de técnica López. Esta escuela me ha enseñado en lo más profundo que una experiencia direccionada a la persona enseña para la vida, no para una profesión o el éxito. Para mí, el éxito se transformó en generar consciencia de todo aquello que vivo en el espacio-tiempo que me fue determinado vivir. Quiero compartir como cierre que una experiencia que comienza por cuestionarme, ¿por qué estoy aquí?, me permite responder el por qué quiero ser consciente de estar vivo y de ser consciente de todo tipo de aprendizaje que puedo construir a partir de la diversidad de vidas que existen en nuestro planeta.

Referencias:

Salgado, M. I. (2015). Bitácora del proceso de Técnica, Laboratorio y Ensamble López.

(Enero-Junio, 2014). Notas sobre Desarrollo y Personalidad (Carl Jung, Victor Frankl), Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Psicología, profesor Francisco Paez.